Era un día soleado, lleno de ansias, visitaría a mi mejor amigo de la primaria. Creo que nunca antes había dormido tan poco, era tal la emoción que no pude pensando en cuan cambiado estarías ahora, te imaginaba como todo un chico exitoso, universitario, no podría esperar menos al recordar lo triunfante que eras en aquellos años, cuando eras el mejor futbolista del curso, el mejor alumno, lo tenias todo. Pero tu voz no era la mejor cuando logre comunicarme contigo, pero ¿Qué mas da?, seguramente no tuviste un buen día y estabas entristecido. Tu dirección no se me hacia tan conocida, creo que nunca había escuchado aquellas calles antes.
Vivíamos en sectores bastante distantes, tu vivías en el centro y yo al otro extremo de la ciudad, pero en fin, tenia suficiente combustible para llegar, así que no hice paradas innecesarias, solo conduje hasta la dirección que me habías entregado. Me tomo un buen tiempo encontrar las calles, pero creo haberlas pasado mil veces antes de convencerme que ahí se ubicaba tu domicilio, no me lo imaginaba así. Mas bien, me imaginaba una casa grande, con portón de madera reforzada con acero y un antejardín cubierto de plantas exóticas como las que tanto idolatrabas en tu niñez. Pero la realidad estaba demasiado distante de lo que figuraba en mi imaginación, vivías en un bloque similar a los de los barrios bajos de Detroit. La puerta estaba siempre abierta, las paredes estaban ralladas con graffitis, dibujos fálicos o mensajes de amenazas u ofensas. Reconocí tu departamento por el “420” que estaba escrito arriba de la puerta con una tinta parecida al betún de zapatos.
No sabia si sentir desilusión o sorpresa. Ver tu imagen fue algo que me quito toda ilusión del Paul que conocí en primaria y que fue mi mejor amigo durante mas de 6 años. Tus ojos estaban rojos, cubiertos de ojeras, tu pelo, largo y sucio, tu rostro cubierto de cicatrices y moretones. Definitivamente tu no eras Paul Taylor, ni nada similar.
En una mesa que se ubicaba al centro de la sala tenias lineas de Cocaína finamente separadas, una jeringa, una cuchara, un encendedor, un polvo café claro que por deduccion propia supe que era Heroína, un frasco con marihuana y una botella de whisky barato.
Tu estado dejaba mucho que desear, casi ni recordabas tu nombre y menos quien era yo, trate de explicarte que fui tu mejor amigo en la primaria pero nada, ni el mas vago recuerdo, ni siquiera cuando habíamos hablado la tarde anterior por teléfono. Estabas drogado y seguramente ebrio, no dijiste nada solo me pediste un cigarro y dinero, que por lastima deje caer en tu mesa.
No pude aguantar la frustración y huí de aquel lugar tan oscuro. Creo que jamás en mi vida había visto tal grado de denigración de una persona, y si lo habia visto no fue mas que en la televisión o en peliculas, jamas me imagine que Paul Taylor terminaria como aquellos chicos que se veian en peliculas como “Trainspotting” o “Mentes Perdidas”.
Estuve horas reflexionando acerca del tema y no logré una respuesta coherente a tu actual situación, tu imagen no era ni similar a mis expectativas.
Nunca mas supe nada de ti, Paul Taylor, solo hasta un año después cuando vi tu nombre en el diario, que señalaba que habias muerto a manos de una pandilla, lo tipico, problemas de drogas o dinero.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)










No hay comentarios:
Publicar un comentario